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jueves, 18 de marzo de 2010

LEYENDAS URBANAS SALTEÑAS


¿Quién no ha escuchado alguna vez historias sobre sucesos paranormales, como almas en pena que rondan por ciertos lugares, apariciones espectrales a ciertas horas, lugares que existían y ya no están mas, casas embrujadas por la presencia de seres del mas allá, etcétera…?
Increíbles, fascinantes, absurdas y atrayentes, las leyendas urbanas son fabulas populares que corren de boca en boca como si fueran ciertas. Las historias contadas en estas leyendas abarcan los temas mas diversos, son innumerables las que circulan oralmente e incluso cada región tiene leyendas propias.
A lo largo del mundo han viajo miles de leyendas. Por ejemplo, es famosa en todo el mundo la leyenda de que Walt Disney esta congelado en espera de una cura para el cáncer. Pero esta, como la mayoría de las leyendas urbanas, es falsa.
También es popular la que dice que en las cloacas de Nueva York están infestadas de cocodrilos porque un matrimonio, cansado de tener uno de ellos como mascota, lo arrogo por el inodoro. Lo que no aclara es como hizo el pobre animal para reproducirse.
Como en todos lados, en Salta abundan las leyendas urbanas. Por ejemplo, la leyenda del Cacuy.
La historia del Cacuy cuenta que en un monte salteño vivían, en una casita, una hermana y un hermano solos. La hermana era muy mala y se aprovechaba de su pobre hermano que traía todo lo que la casita necesitaba: leña, comida y otras cosas.
Un día, el hermano, cansado de ella, para desquitarse y darle un castigo, la invito a que fuesen a sacar miel de unas abejas que tenían el panal en la punta de un árbol muy alto. Fueron al monte donde estaba el árbol y como ella quería sacar primero la miel, subió por delante, y cuando estuvo en la punta buscando el panal, su hermano se fue bajando del árbol y cortando todas las ramas, para que ella no pudiera bajar. Cuando llego al suelo se fue corriendo, dejando a la hermana sola en el árbol.
Entonces ella, al encontrarse sola, empezó a gritar a su hermano, pero el no le hacia caso, hasta que fue llegando la noche. Entonces su grito se convirtió en un melancólico sonido de ave que gritaba ¡cacuy!, ¡cacuy! Llamando a su hermano. Según la leyenda, a la joven le brotaron plumas y a partir de ese momento todas las noches recorre el momento gritando ¡cacuy!, ¡cacuy! Llamando a su hermano.
Otra famosa leyenda de nuestra provincia, es la del escritor Luís Botelli, la historia de la viuda negra. Si bien nadie la ha visto, en Salta existen distintas versiones acerca de su apariencia. Hay quienes dicen que es una joven esbelta y bella. En cambio, otros afirman que se trata de una anciana.
En cualquiera de las dos versiones la viuda usa un mantón negro, desde la cabeza a los pies y con el que se cubre parte de la cara.
Según las versiones, la viuda se hace presenta a los hombres que han engañado a su mujer, que han vivido alguna una relación amorosa que ha terminado con la muerte de la dama o simplemente que en estado de viudez estos no han sostenido su estado de fidelidad y se han juntado con otra mujer. En cualquier de estos casos, el hombre debe andar con cuidado a la noche, ya que se encuentra en suerte de la viuda.
Las apariciones de la viuda tienen por objetivo atormentarlo, horrorizarlo, asustarlo y perseguirlo hasta que este termine enfermo y abandonado por su nueva mujer. Muriendo solo casi seco de espanto.
La historia de la ciudad de Esteco, es otra leyenda salteña que circulo por la provincia durante mucho tiempo. La leyenda cuenta que en la provincia existió un pueblo tan rico que no se conformaba con las comodidades y hacia uso del vicio y el derroche.
Cierto día llego a Esteco un anciano, de vestimenta humilde, larga barba, poco cabello y una mirada severa, que comenzó a predicar la necesidad de volver al camino de Dios y a las buenas costumbres.
Algunos los escuchaban con curiosidad, otros con temor. Pero lo cierto es que todos se burlaban de el y hasta inventaban bromas para mofarse del castigo que anunciaba el anciano para el pueblo de Esteco.
Solamente una familia del lugar le había brindado alojamiento y afecto. El era español, ella era india y tenían una hija llamada Milagros. El 13 de septiembre de 1692, cansado de predicar sin ningún fruto, el anciano hablo a esta familia previniéndoles sobre la proximidad de un severo castigo para este pueblo egoísta y desinteresado. Les pidió que se alejaran de Esteco y que en el camino no se dieran vuelta, por más gritos, ruidos y ruegos que escucharan.
Esa noche, llegada la medianoche. Ante los gritos de los ciudadanos, la familia decidió abandonar el pueblo. Pero en el camino Milagro escucho una vos que la llamaba y olvidando la advertencia del anciano, la joven se dio vuelta y en ese instante quedo convertida en piedra.
La orgullosa ciudad de Esteco se perdió. Actualmente en el lugar hay un monte cautivamente en cantares y leyendas.
La Salamanca, otra leyenda salteña, es un antro secreto conocido solo por los practicantes de la brujería, espiritismo e ocultismo. Que se reúnen todos los sábados por la noche a convocar espíritus para su diversión personal.
Los que estuvieron allí lo definen como lugar oscuro, que solamente esta iluminado con antiguas lámparas de aceite humano y donde reina el alboroto por los gritos de los concurrentes.
La puerta del recinto se encuentra oculta, solamente los que conocen la contraseña para entrar puede encontrar la entrada e ingresar sin peligros. Ya que el acceso es un peligroso laberinto lleno de pruebas, que restringen el acceso a cualquiera.
Los adeptos, que se juntan ahí a hacer hechizos, gualichos, conjuros y maldiciones, no pueden revelar la forma de acceso ya que si lo hacen el castigo es muy severo.
Hay quienes dicen, que en estas juntas, aparece el diablo (tío) vestido como gaucho elegante con accesorios de plata para buscar hombres que quieran realizar contratos a cambio de fabulosas riquezas.
Estas son algunas de las más conocidas leyendas urbanas salteñas basadas en personales o hechos reales o supuestos. Todos ellos han sido dibujados por la imaginación popular y esta es la gracia de las leyendas urbanas, ya que, no intentan contar un acontecimiento noble, sino que exponen simplemente una creencia y la acreditan con episodios anecdóticos, sin veracidad documental.
La dinámica de este tipo de leyendas es la tradición popular. Ella los conserva en el patrimonio espiritual de la comunidad, reelaborándolos con matices locales.

miércoles, 10 de marzo de 2010

DE PONCHOS, BANDERAS Y OTROS LABAROS


Existen diversas historias sobre el origen de nuestro poncho salteño. Por ejemplo un antecedente importante es la pintura de Aristene Papi, quién ilustro por transmisión oral "La Muerte de Güemes", prevaleciendo en la misma, los ponchos colorados con franjas negras sin flecos ni cuello de boca de color negro. Razón por la cual, hoy se entiende que el luto que lleva el poncho es el cuello y moño negro.

También hay quienes sostienen que el color del poncho se debía al colorante vegetal mas conocido y barato de la vieja época “el rocú” muy común en el sur de Bolivia y norte de Argentina, colorante que era usado por los aborígenes para sus teñidos y que luego fue adoptado por los lugareños. Reafirmando, la existencia del poncho colorado con guardas negras


Otros cuentan que Guemes al crear el Regimiento de “Los Infernales” los uniformo de color rojo, ya que alegaba que de esta manera vencería a los falsos ángeles, en aras de una causa justa.


Pero realmente nuestro poncho no fue siempre como lo conocemos hoy. Tejido con lana de oveja, vicuña, alpaca, llama o guanaco, esta prenda se uso con distintos colores, de cuya pequeña variedad termino por prevalecer el rojo con guarda, cuello y flecos negros.


Durante la independencia del Virreinato del Río de la Plata y mientras San Martín cruzaba Los Andes y derrotaba a los españoles e independizaba a no solo lo que hoy se llama la Republica Argentina sino también a Chile y Perú. El General Guemes, con pocos recursos, en armas, caballos y vestimenta luchaba en la famosa guerra de guerrillas y en ella el poncho que se utilizaba era el “puyo”, un poncho mas chiquito, corto y de color marrón, el color de la propia lana.


Para atacar al enemigo y camuflarse entre los churquis, zarcillos y tuscas el ejercito necesitaba utilizar en su vestimenta un color disimulable y una prenda mas corta que les permitía moverse con mayor agilidad y de esta manera compensar la desigualdad de armamentos y disciplina que tenían contra los españoles que era el ejercito del rey Fernando, uno de los mas poderosos del mundo.


En el año 1925 los gauchos, comandados por Don Cleto Anzoátegui, un celebre gaucho famoso por su coraje y destreza, desfilaron por primera vez en Buenos Aires. En esta oportunidad el poncho si era el puyo. Pero en 1942 Guiraldes le pide a Juan Carlos Dávalos que le mande para desfilar, a causa de una fecha patria, treinta gauchos bien típicos salteños. Juan Carlos le pide a Don Néstor Patrón Costas asesoramiento de cómo vestían los gauchos, y Néstor le solicita a Tomas Nallar, dueño de la tienda “El Gaucho”, que le confeccione el traje y el ensillado típico y autentico, pero Tomas al no tener disponible tantos puyos le ofrece una sarga roja (tela tosca y dura) que le había llegado de Buenos Aires.


Así fue como se utilizo esta sarga para construir los ponchos rojos con franja negras y así se desfilo ese año en Buenos Aires y desde entonces se lo adopta como poncho típico salteño.


Años más tarde, tras un concurso convocado mediante la resolución Nº 1820 del Ministerio de Educación, se crea la bandera salteña. Que según el jurado designado para evaluar las mas de cuatro mil propuestas presentadas a concurso, el diseño escogido incorpora los elementos simbólicos mas repetidos en aquellas: el escudo de la provincia, la representación de los departamentos y por supuesto el autentico poncho salteño: rojo y negro.